lunes, 15 de agosto de 2011

UIMP: Cantabria y Burgos, el viaje de vuelta

Terminada una de las semanas más culturales de las que he podido disfrutar, tuve que emprender camino de vuelta a Madrid: la perspectiva de 5 horas conduciendo sola no era muy alentadora, de modo que decidí sazonarla un poco para hacerla más amena. Después de estudiar las diferentes opciones puse rumbo a Burgos: maletas dentro del coche y... off we go!!

La verdad es que había planeado ir a Burgos por la autovía, pero el GPS decidió por sí mismo llevarme de nuevo por el Puerto del Escudo, y la verdad es que no le podría estar más agradecida: si durante el viaje de ida me sorprendí al descubrir los maravillosos paisajes de Cantabria, en el de vuelta pude disfrutarlos con un sol espléndido y a 20 km/hora gracias al autobús que llevaba delante durante gran parte del trayecto. Ventanillas bajadas, el I-pod a todo volumen, y (sí, ya sé que está mal) móvil en mano para intentar hacer unas fotos sin perder de vista la carretera. Sorprendentes los pequeños pueblos que se encuentran en medio del valle de Luena, que a veces sólo cuentan con tres o cuatro casas y una pequeña tienda donde vender sobaos y quesadas artesanas. Espectacular el color de la vegetación que lo inunda todo en las lindes del camino. 


Una vez en Burgos me dirijo directa a ver la catedral: había pasado mucho tiempo desde mi última visita a la ciudad y me apetecía muchísimo volver. Compro mi entrada y entro por la puerta del Sarmental (lado sur del transepto) que tantas veces hemos nombrado en clase de arte gótico. En el interior del templo uno se siente sobrecogido por la grandeza de la construcción: piedra blanca que habla a través de los siglos. Y también vía Twitter: la catedral de Burgos debe de ser de los pocos monumentos que tienen cuenta propia (@CatedralDBurgos), y desde aquí querría felicitar a la persona que se encuentre detrás de  la misma, ya que la gestiona de maravilla: si les escribes un tweet enseguida te responde, agradeciéndote la visita. Me parece una iniciativa genial y una manera muy original de promocionar el turismo de la ciudad y de interactuar con los turistas. 

Espectacular la capilla de los Condestables: una pequeña iglesia dentro de la catedral. Sorprendentes los relieves de la parte exterior de la girola, con escenas sagradas casi de bulto redondo. Geniales las vistas del coro, con la sillería renacentista, un enorme libro de cánticos y el rosetón de la fachada occidental al fondo. En la escalera dorada una pareja de recién casados posaba para las fotos de su boda en un entorno envidiable. Las bóvedas de las diferentes capillas nos hablan de los arquitectos, constructores y mecenas de una obra que sigue sorprendiendo al visitante a lo largo de los años. El claustro bajo, acristalado, acoge una muestra muy especial sobre "arte en la catedral", donde obras contemporáneas se integran perfectamente con el edificio medieval. En el exterior, la famosa fachada occidental presume de la restauración de sus agujas, que se elevan hacia el cielo por encima de todos los edificios de la ciudad.

Después de visitar la catedral, disfruté de una vuelta por la ciudad, disfrutando del ambiente alrededor de la Plaza Mayor: unas tapas en un bar del centro, unas compras de productos típicos, y otra vez al coche. A través de la ventanilla me despido de la estatua del Cid que preside el puente dando la bienvenida al viajero.

Destino: Tordesillas. Parada en boxes sólo para tomar un café (hacía demasiado calor para hacer turismo, una pena) y rumbo a Madrid por el puerto de Guadarrama y el Alto de León. Un viaje agradable, a pesar de ser un poco largo, pero disfrutando del paisaje circundante: si bien no es el verde de Cantabria, sí se trata del amarillo de los campos de Castilla, que también tiene su encanto.

¡Un viaje de vuelta lleno de sorpresas que me encantará repetir en breve!

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