domingo, 19 de junio de 2011

Señoras que... ahora también en los museos

Ayer fui a ver la exposición de Polonia: tesoros y colecciones artísticas al Palacio Real (habrá post sobre la exposición la semana que viene) y... oh, sorpresa! Me encontré con esa especie en expansión que se encuentra en proceso de dominación de la tierra: las SEÑORAS. Por favor, que nadie se ofenda por este post: está escrito en tono jocoso y para reírnos un rato, sin ánimo de ofender a nadie.

El caso es que la sub-especie "señoras que...", tan popular en facebook y otras redes sociales, también ha llegado al mundo artístico y han formado sus propios grupos de acción: desde "señoras que posan para un artista y pasan a la posteridad" (como la Gioconda), hasta "señoras que se ponen delante de un cuadro y se mueven a tu ritmo para no dejarte ver nada" (un grupo con muchos más miembros, sin  lugar  a dudas). 

Pero hoy vengo a hacer una reclamación sobre el grupo más abundante que he encontrado y que tiene a sus miembros repartidos por todos los museos españoles y del extranjero: SEÑORAS QUE TE CHISTAN EN LAS EXPOSICIONES; veamos cuáles son sus características, hábitat y costumbres:

- Cómo identificarlas: las señoras que te chistan en las exposiciones son, por norma general, señoras jubiladas o de avanzada edad que aprovechan cualquier ocasión (preferentemente los fines de semana por la tarde) para ir a toda exposición de arte clásico que haya en tu ciudad (el arte contemporáneo no suele ser de su agrado) para presumir de sus conocimientos delante de sus amigas. Normalmente visten falda recta de pana por debajo de la rodilla con medias (también  en verano), camisa metida por dentro, rebeca y gafas de pasta con cadenita al cuello.

- Cuál es su función: las señoras que te chistan en las exposiciones se dedican básicamente a eso: chistarte en medio del  museo en cuanto haces el más mínimo comentario. A día de hoy aún no conocemos la finalidad de esta práctica (aparte de molestar al personal y dárselas de culturetas), aunque realmente creo que sólo lo hacen por placer: epicureísmo puro, oiga.

Y yo, como Mourinho, me pregunto "¿POR QUÉ?": ¿por qué se supone que tengo que estar en silencio dentro de un museo? No me refiero a hablar a voz en grito, porque eso tampoco lo hago en la calle, sino a comentar tranquilamente las obras con mis acompañantes. ¿Acaso estoy en una biblioteca o en un cine? ¿pierden la concentración en la obra si me escuchan comentar algún detalle histórico o artístico? Como licenciada en Historia del Arte, siempre que voy con alguien  a ver un museo o exposición se espera de mí que dé una pequeña explicación de la obra, o al menos algún dato curioso o que lo pueda relacionar con otras obras o autores: ¿en serio les molesta?

Al margen de que lo mejor que se me ocurre que podrían hacer es escuchar para luego contarlo ellas como si lo supieran de toda la vida, y quedar mucho mejor delante de sus compañeras de grupo, déjenme que les diga una cosa: señoras, se olvidan de que una de los aspectos más enriquecedores del arte es el que lo trata como  EXPERIENCIA SOCIAL. Por supuesto que para entender una obra es necesario interiorizarla y tener un diálogo personal con la misma, pero eso no se consigue parándose durante tres minutos delante del cuadro en cuestión en una exposición, sino observando la obra, conociendo la vida del artista y su contexto histórico antes de acudir al museo. La experiencia social de  la obra, el hecho de compartir conocimientos con tus acompañantes, de fijarte en detalles que, de no haber sido por ellos habrías pasado por alto, de conocer datos que jamás habrías relacionado con el autor o el cuadro si tu amigo, licenciado en Historia, no te lo hubiera sugerido... todo eso forma parte de la experiencia social del arte. Y es enriquecedor. Y  necesario.

Después de  mi alegato sólo me queda una cosa por decir: señoras-que-te-chistan-en-las-exposiciones, compartan. Y punto.

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