sábado, 8 de octubre de 2011

Prato: en el corazón de la Toscana

A sólo 15 kilómetros de Florencia se encuentra la pintoresca población de Prato, de la que he tenido la suerte de poder disfrutar durante la última semana. Si bien es cierto que las expectativas eran muy altas, tratándose de  un pueblo muy cercano a mi querida Florencia, he de decir que no me decepcionó en absoluto: arte, cultura, deporte y mucha vida en las calles del corazón de la Toscana.



Situada en el emplazamiento de una antigua comunidad etrusca, la población de Prato fue ocupada en época medieval por los bizantinos y los longobardos. Prato fue una población independiente por mucho tiempo: su creciente industria textil hizo que se convirtiera en uno de los puntos neurálgicos de la producción de tejidos de Italia, y consiguió que se mantuviera cercana a las ciudades más importantes conservando su autonomía. En 1351 Prato fue vendida a la vecina Florencia, ciudad por excelencia de los  banqueros italianos, por 17500 florines de oro, y ha permanecido legada a ella hasta nuestros días.

El centro histórico de la ciudad es digno de admirar: pasear por sus calles empedradas, rodeados por sus palacios y múltiples iglesias, transporta al visitante hasta la Edad Media y el Renacimiento, como si realizase un viaje en el tiempo. Calles estrechas y callejones de difícil acceso trazados a mano alzada, típicos de la topografía medieval, nos conducen hasta amplias plazas que sirven como escenario de las grandes construcciones que rigen la distribución de la ciudad.


Destacamos su preciosa catedral, dedicada a Santo Stefano y construida en la tradición toscana, combinando mármoles de distintos colores y procedencias en franjas horizontales, que nos recuerda a otras iglesias de la zona como Siena, Orvietto o la misma Florencia. La reliquia más importante que se encuentra en la catedral es la Sacra Cintola (el Sagrado Cinturón) de la Virgen, que se muestra al pueblo en una solemne ceremonia desde el púlpito exterior, construido por Michelozzo y decorado por Donatello. Dentro del templo los frescos realizados por Filippo Lippi, Paolo Uccello y Antonio Gaddi dan vida a las desnudas paredes de la catedral.



Si pasáis por allí os hago una recomendación personal: no dejéis de tomar el aperitivo en Le barrique (via Giuseppe Mazzoni 19) y de cenar en La Maison (viale Monte Grappa 275)!


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